La piedad filial, virtud confuciana por excelencia, es una de las más apreciadas en la cultura china. El respeto a los padres pesa en general mucho a la hora de tomar todo tipo de decisiones, y un no de los progenitores puede significar el fin de una relación amorosa o la renuncia a esa beca para estudiar en el extranjero. Probablemente por ello las redes sociales han hervido de una indignación especial en los últimos días acerca de la historia de la señora Yang, una anciana de 92 años. Su hijo y su nuera la habían confinado a vivir en lo que los medios han descrito como la pocilga de su casa en la región autónoma de Guangxi, en el sur del país.
Un vídeo que se ha hecho viral —ha recibido más de 1,8 millones de visitas— muestra a la mujer encerrada tras una reja en un espacio de apenas 10 metros cuadrados, de paredes de piedra desnudas. La anciana, que dormía en un banco de madera en la habitación, aparece en los huesos.
Según el periódico local Southern Morning Post, el hijo de Yang asegura que ese espacio es una cocina y que fue su madre quien decidió mudarse a ese lugar, porque padece de incontinencia y “le preocupaba que la casa empezara a oler mal”.