El aumento de la esperanza de vida ha obligado a buscar nuevas formas de intervenir a nivel psicológico en favor de las personas de la tercera edad. No sólo la atención sanitaria a las personas mayores debería cambiar sus postulados de prevenir y rehabilitar, a través del consumo de fármacos, sino que, además, habría que llevar a cabo una fuerte inversión para lograr un cambio de actitudes entre las personas mayores ante su percepción de la salud y las formas de conservar o mantener la misma. Es necesario no sólo conocer los grandes síndromes geriátricos como el deterioro cognitivo, inmovilismo, caídas e incontinencia urinaria, sino actuar sobre ellos mediante programas y protocolos específicos, mejorando la situación en todas las esferas de la persona y tratando de conseguir la mayor independencia. Como dice Puig Alemán, A. (2010) en su Programa de Psico estimulación Preventiva :

“Las experiencias de vida guardan una relación muy estrecha con el deterioro, el hecho de tener una salud frágil, una educación pobre, la presencia de algún tipo de patología, una falta de motivación, entre otras, puede ser motivo de interferencia en la adecuada manifestación de las funciones intelectuales. Pero no sólo se relacionan estos factores, sino que parte del decremento atribuido a la edad también puede ser debido simplemente a la falta de estimulación cognitiva”.